Un hombre se
enamora y expresa su amor declarando que ha sido “hechizado”; luego le
presentan a alguien y caballerosamente pronuncia el consabido “encantado de
conocerle”. Otro ejemplo: una multitud oye el discurso de un político con el
cual se identifica y se dice de ellos que “están fascinados”, o “la gente ha
sido embrujada por tal o cual...”. Los conceptos fascinación, sugestión, encantamiento,
sortilegio, conjura, etc., y sus derivados, forman parte del vocabulario común
que utilizamos en la vida cotidiana. Hasta los más recalcitrantes racionalistas
utilizan con desenvoltura vocablos cuyo origen se encuentra estrechamente
ligado con el mundo de la magia. No obstante, cada vez que pueden declaran que
la magia como tal, es fruto de la superchería, de la ignorancia de la gente, y
se declaran escépticos e incrédulos atrincherándose en lo que ellos consideran el
verdadero saber: el conocimiento científico y racional del mundo.
Esta
mentalidad anti-mágica, racional y cientificista es la que predomina en los
medios cultos de las sociedades occidentales. El problema es que se reniega de
la espiritualidad con la misma liviandad con que se prescinde de la magia. La
idea central de este pragmatismo moderno, de este rechazo por el contenido
mágico del mundo, de esta verdadera animadversión por el lado “oculto” de las
cosas, tiene que ver con una compulsión, un apremio que lleva al hombre a querer
enclaustrarse en la materia. Es un instinto que lo arroja de bruces sobre el
espejismo de la realidad sensible y lo incita a cerrar los ojos frente a todas
aquellas cosas que no calzan con la explicación del mundo que la ciencia
oficial le brinda. Es como si la mente humana intentara escabullirse de algo,
de una amenaza que la sobrecoge, que la horroriza. Y es que todo aquello que
genera rechazo convulsivo tiene que ver con el miedo. En el caso de la magia y de
la espiritualidad es un miedo metafísico, un miedo que atañe únicamente al
alma, a la psiquis humana, y que dice relación con una poderosa intuición que
le sugiere: “todo lo que está más allá del mundo material pertenece a un ámbito
en que se mueven fuerzas en extremo peligrosas, potestades extrañas,
infernales...”.