La humanidad se encuentra -y sobre esto el acuerdo es unánime- en un
estado lamentable. Ahora bien, no se trata de ninguna novedad. Si uno se
atreve a mirar hacia atrás, se da cuenta de que siempre ha estado en
una situación lamentable. El pesado fardo de desdichas y miserias que
los seres humanos deben soportar, ya sea como individuos o como miembros
de la sociedad organizada, es básicamente el resultado del modo
extremadamente inviable -y me atrevería a decir estúpido- en que fue
organizada la vida desde sus comienzos.
Desde
Darwin sabemos que compartimos nuestro origen con las otras especies
del reino animal, y todas las especies desde el gusano al elefante
tienen que soportar sus dosis cotidianas de tribulaciones, temores,
frustraciones, penas y adversidades. Los seres humanos, sin embargo,
poseen el privilegio de tener que cargar con un peso añadido, una dosis
extra de tribulaciones cotidianas, provocadas por un grupo de personas
que pertenecen al propio género humano. Este grupo es mucho más poderoso
que la Mafia o que el complejo industrial-militar.